EL MAESTRO Y LOS DESAFÍOS DE LA EDUCACIÓN EN EL SIGLO XXI
El mundo
es flexible, cambiante y diverso, y la escuela sigue siendo rutinaria,
inflexible, descontextualizada y estática. El mundo exige flexibilidad y
creatividad para adaptarse a una vida profundamente cambiante, y la escuela
asume currículos fijos delimitados desde siglos atrás. Unos jóvenes que vivirán
en el Siglo XXI formados con maestros del siglo XX, pero con modelos pedagógicos
y currículos del siglo XIX.
En esta
dirección, resulta indispensable que los maestros asumamos con compromiso la
tarea de repensar el sentido y la función de la escuela en la época actual.
Para ello, ponemos a discusión ocho posibles desafíos de las escuelas en las primeras
décadas del siglo que inicia y a las cuales hemos intentado dar respuesta durante
las dos últimas décadas.
La
escuela tradicional se tornó obsoleta en las últimas décadas frente a los
sensibles cambios sociales, económicos y políticos vividos a nivel mundial. La sociedad
se volvió global e interconectada, el mundo se flexibilizó y diversificó, y cada
vez de mayor manera tuvo en cuenta al individuo. Estas profundas transformaciones
condujeron a diversos sociólogos, políticos, economistas y administradores a
pensar que podríamos estar ante el nacimiento de una nueva era o etapa en la
vida humana. Toffler habló de una “tercera ola”, Drucker de una “sociedad del
conocimiento”, y muchos otros han hablado de una sociedad de la información.
1)
Privilegiar el desarrollo frente al aprendizaje
En este
contexto, pierde pertinencia una escuela centrada en el aprendizaje de informaciones
de tipo particular, tarea a la que se había dedicado la escuela durante los
últimos siglos. Esto es válido en mayor medida en una época en la que se
calcula que cada doce años se duplica el conocimiento humano (Gimeno Sacristán,
et al, 2009)
La escuela debería ser un lugar para entregar cañas
de pescar, y no pescados, a los estudiantes. Cañas que les permitan a los estudiantes
interpretar, analizar y argumentar la información depositada en las redes.
Quien alcanza altos niveles de desarrollo en sus competencias interpretativas, posee
una caña para adquirir nuevos conocimientos.
2)
Abordar al ser humano en su complejidad (diversidad e
integralidad)
La nueva
escuela del siglo XXI tendrá que contribuir a desarrollar las diversas dimensiones
del estudiante. Frente a una escuela que restableció estructuras basadas en la
fragmentación y el aislamiento de los conocimientos, hay que luchar por una
nueva educación que privilegie la integralidad y la complejidad del ser humano;
y que reivindique las áreas frente a las asignaturas y los ciclos frente a los grados.
En este
sentido, se equivocan los Ministerios de Educación cuando hablan de “áreas del
conocimiento” y cuando definen el año como “académico”, ya que al hacerlo,
desconocen la diversidad de dimensiones y la complejidad del ser humano, y
sobredimensionan exclusivamente la dimensión cognitiva.
3)
Priorizar el trabajo en competencias básicas
Las competencias implican de esta manera un
saber hacer, un saber sentir y un saber pensar; y sólo se es competente cuando
acompañamos la comprensión de pasión y acción, cuando logramos niveles de
idoneidad en ello y cuando podemos como explicaba Davídov (1988) operar con los
conceptos adquiridos en contextos diversos. Lo cognitivo nos dota de las
herramientas para saber lo que se hace, cómo y por qué se hace; lo valorativo
nos permite tener presentes las intenciones, la voluntad y la responsabilidad;
al tiempo que lo práctico nos orienta hacia la reflexión y conciencia de
nuestros actos, para realizarlos mejor.
4)
Hay que desarrollar mayor
diversidad y flexibilidad curricular en la educación básica y media
La prioridad de formar individuos flexibles es
una necesidad reciente en la historia humana. El trabajo rutinario, sincronizado
y cumplido que exigían las empresas y las instituciones, favoreció una escuela
rutinaria que se concentraba en los aprendizajes mecánicos y repetitivos. Sin
embargo, estas características marchan en contravía de la flexibilización
creciente del mundo social, económico, familiar, cultural y político. Hoy los
individuos estudian a sus propios ritmos y en sus propios espacios y tiempos.
5)
La formación de un
individuos más autónomos
El
individuo se enfrentará a múltiples decisiones cognitivas, políticas,
vivenciales y valorativas, sobre las que tendrá que optar. Por ello, la escuela
se enfrenta al reto de formar individuos que estén en capacidad de tomar todas
y cada una de estas decisiones de manera responsable, y para ello requiere
formar individuos mucho más autónomos.
6)
Favorecer el interés por el
conocer
El
interés por el conocimiento es la verdadera “gasolina” de todo proceso
intelectual. Es lo que garantiza que lo enseñado siga vivo aun después de salir
del salón de clase, es lo que permite que el conocimiento engendre más
conocimiento. Sin interés cognitivo, de poco valdría la comprensión conceptual
o la competencia para pensar, ya que el objetivo de todo maestro es el que su
alumno aprenda a aprehender, para que cuando él no esté presente sigan teniendo
impacto sus enseñanzas. Pero para esto es indispensable cultivar el interés por
conocer, la necesidad por hacerse preguntas y por asombrarse ante los objetos del
mundo social, natural y simbólico.
7)
Favorecer la solidaridad y la diferenciación
individual
El papel
predominante alcanzado por el individuo en la fase actual del desarrollo del
capitalismo hace parecer lo colectivo como un valor anticuado, casi que
medieval. El individualismo es así un sello característico y dominante de la
sociedad occidental actual.
8)
Desarrollar la inteligencia
intra e interpersonal
La
escuela que todos conocemos no nos ha enseñado a conocer a los otros, a favorecer
la tolerancia y el respeto por la diferencia, y mucho menos a conocernos a nosotros
mismos y a expresar nuestros sentimientos. Es una escuela que sobrevalora lo
cognitivo y que casi ha abandonado la dimensión socio afectiva. Por ello somos
tan frágiles en la vida afectiva y en el mundo del amor y los sentimientos.
En este
contexto social, laboral, familiar, histórico y cultural, la preocupación por
la estabilidad sicológica y afectiva de cada uno de sus miembros, y en especial
de los niños, cobra especial atención. En particular, la responsabilidad
creciente de la escuela para formar niños que se conozcan más a sí mismos y que
sepan leer los gestos y las expresiones de los demás y expresar las propias.

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